




New York's Highline. Manhattan, Nueva York
Inicio del Proyecto: 2004 - 2009 (800 de 2500 metros aperturados al publico)
Realizado por: Manuel Beltrán Carrión
Más allá de constituir un espacio público contemporáneo dotado de una serie de valores históricos y culturales, se convierte en un modelo universal con fuertes acciones y argumentos que nos explica que siempre que estemos dispuestos a trasformar y reflexionar sobre la crisis ambiental y generar al mismo tiempo, espacios de reunión social que ataca a las metrópolis más densas en la actualidad podremos construir ciudades más completas. El proyecto comandado por la polaca Elizabeth Diller y el neoyorquino Ricardo Scofidio, aplican sus teorías frente al paisaje que es más una crítica sobre la percepción del ser humano y su entorno, donde se debe empezar a perder el límite entre lo natural como fenómeno y lo artificial como instinto humanos. De manera abreviada, la cronología del proyecto que para el año 1930 es cuando se habilita el tren que recorría todo el Oeste de Manhattan y abastecía la ciudad. Para 1960, éste es cerrado y no es retomado hasta 1990 por la comisión transportista de Manhattan quien luego es la encargada de promover el concurso para su restauración. El Concurso era de libre diseño, siempre y cuando se mantuviera la simpleza del elemento postindustrial, lo salvaje de la naturaleza que allí se encontraba a raíz de los años, la quietud y el silencio que rememoraba la ausencia de la máquina y la lenta pero progresiva captación de diferentes paisajes a través de su recorrido. El HighLine se encuentra ubicado en el oeste de Manhattan, inicia en la entrada de la calle Gansevoort hasta el distrito 34. El proyecto no es más que un espacio público lineal vectorial de aprox. 2.5 kilómetros de longitud. A pesar de debatirse entre paradojas de conservación y transformación, el HighLine no es más que la reminiscencia de un tren que alguna vez contempló el paisaje neoyorquino y que está materializado en diversos flujos que transportan al usuario, no solo para despegarlo del caos urbano sino también, a través de diversos paisajes que experimentan y otros que son experimentad: paisajes regenerados, que incluye la acción de repetición y operación, no solo del paisaje, sino del individuo, paisajes que son habitados, creando un sistema cíclico donde, por procesos de reciclaje, ahora el paisaje se transforma en otro al mismo tiempo: uno urbano. El flujo activador, que impulsa la secuencia del usuario bidireccional frente a la experiencia del espacio público. El Paisaje latente y estático regenerado que ahora toma importancia para convertirse en objetos del campo urbano etéreo, contraponiéndose al campo vivencial público simultáneamente. El Marco Urbano, que recicla una antigua valla publicitaria para transformarlo en un cine urbano que observa la zona de Chelsea. Por último, la naturaleza salvaje que se ha apropiado del tren a través de la historia, compone jardines que siguen el flujo del usuario desde principio a fin: con la diversidad de especies, cada fragmento de naturaleza que muestra el recorrido, es quien se encarga de lograr el solape entre los paisajes que vivenciar y los paisajes que contemplar, siempre mostrándose como paisajes y naturalezas adaptadas a su tiempo, como dijo Charles Darwin en su teoría de evolución.
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