




“Romper la pesadez de la materia y ver como se escapaba mi paisaje fue como observar el
escape de partículas al romper un reloj de arena”
Henry Moore
Partiendo de análisis anteriores sobre la condición entre muros de la ciudad de Maracaibo, donde se atribuye la
responsabilidad al vacío como ente unívoco y su relación con el ser humano en el ámbito público, conlleva a la interpretación
del terreno, como un gran vacío en continua fuga, que se genera del escape temporal al perforar los territorios
hegemónicos de las urbanizaciones cerradas y transforma al vacío en un campo móvil, transitorio y volátil.
La fuga, cuya esencia está basada en la esencia móvil de las cosas, reflexiona sobre el recorrer como parte
de una dinámica continua del usuario frente al espacio público: la presencia de diversidad de paisajes encontrados en
la calle 58 deriva de la relación volátil entre lo lleno y vacío: el contexto del terreno recae en estas mencionadas situaciones,
donde existen conexiones importantes de materia física en el vacío fugado que requiere de su complejidad y siste
matización para lograr unificarlos y evitar la dispersión en el territorio. La conexión material, aunada con la reactivación
de la calle 58 y el sector de estudio es lo que denominamos Conexiones Entrópicas: La conexión de la energía material
en la bidireccionalidad de toda la regenerada calle, que esboza al terreno como plataforma de inicio de cualquier acontecimiento público.
Es por ello que la entropía nos ofrece cuatro entes materiales encontrados en el vacío, de los cuales constituirán
referencias territoriales para abordar la propuesta del terreno: la reconstrucción de puntos vegetales en la calle 58, transformados en bandas vegetales que fisuran el terreno para debilitarlo y apropiarlo, como parte de la naturaleza de apropiar lo construido. Como segunda acción reconstructiva, la presencia de mobiliario emergente como foco de reunión
social, genera mobiliario público que se torna habitable para consolidar la permanencia del usuario en el espacio.
Como último componente reinterpretado, ya adentrándonos a la relación empática de los usuarios con el sector
y que deviene de la cotidianidad intangible del habitar, es la presencia de un elemento banal y repetitivo como lo podría
ser los postes eléctricos: perforan la acera, transgreden lo privado y activan lo público, componiéndose en el imaginario
como hitos referenciales en la superficie. Por último, Las conexiones entrópicas que figuran las vacantes como espacios
potenciales, residuales y que parecen poder ser intervenidos es lo que genera el programa en la propuesta,: espacios
que reactiven las reuniones sociales, espacios para la dispersión, espacios para el ocio y la cultura, espacios para la
recreación y espacios para el habitar.
A modo de Conclusión, al hablar del espacio público que se fuga, impermanente, inquieto y dinámico, estamos
contribuyendo a la temporalidad de sus acciones, de su sociedad y de su materialidad. No podremos crear un sistema
basado en mecanismos estáticos ni podemos aislarlo de sus atributos actuales, y es todavía aún más enriquecedor, no
solo la regeneración del espacio urbano de la ciudad, sino la capacidad de sus usuarios de establecer sus propios
recorridos.
Manuel Beltran
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